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El
Derecho a la Rebelión y La lucha No Violenta (2)
por Guillermo
Alejandro Sullings
NOTA DEL
AUTOR
INTRODUCCION
LA VIOLACIÓN DE LOS DERECHOS
HUMANOS EN DEMOCRACIA
LA ACCION DIRECTA - ACCION Y REACCION
LA MARGINACION
EL PAPEL DEL ESTADO
EL ESTADO Y LA GLOBALIZACION
QUE HACER ENTONCES
LA ESCALADA DE LA VIOLENCIA ES UN CALLEJON SIN
SALIDA
EL SIN SENTIDO DE LA ACCION VIOLENTA
LA LUCHA NO VIOLENTA DENTRO DEL SISTEMA DEMOCRATICO
EL DERECHO DE LOS DEMAS Y LA LUCHA
NO VIOLENTA
LA METODOLOGÍA DE LA NO VIOLENCIA
ACTIVA
LOS METODOS DE LA ACCION NO VIOLENTA
LAS POSIBILIDADES DE LA LUCHA NO
VIOLENTA EN EL MUNDO ACTUAL
SINTESIS
EL PAPEL DEL ESTADO
Se podría pensar que la Democracia por sí sola,
tal cual está, debería ser la mejor solución
para el problema de la marginación, ya que si los marginados
van siendo mayoría, bastará con que voten a un gobierno
que los defienda, ya sea modificando el sistema económico
que los margina, o ya sea creando subsidios y redes de contención
dignas para los que quedan fuera del sistema.
Este concepto tiene por lo menos dos grandes fallas. Por una parte,
¿Qué pasa si los marginados aún son un porcentaje
menor que los que permanecen en el sistema, y a estos últimos
no les importa la suerte de los primeros, y por lo tanto votan
a quien les mantenga su status?
Por otra parte, es evidente que hoy las democracias no son reales
sino formales, porque a través de los medios de difusión
financiados por el poder económico, se potencian siempre
a unas pocas opciones electorales que representan al mismo sistema,
aunque tengan un discurso progresista para captar los votos. Los
ejemplos abundan de aquellos políticos que en su campaña
prometen trabajo, techo, salud y educación para todos,
y cuando están en el poder defienden a las multinacionales
y a los bancos.
No obstante, está claro que la democracia de todos modos
ofrece la posibilidad de generar alternativas electorales reales
por donde los marginados puedan ir canalizando su divergencia
con el sistema que los deja fuera. Pero estas alternativas, si
efectivamente buscan cambiar el sistema, es decir si son genuinas,
no contarán con el respaldo económico de los poderes
a los que buscan combatir por razones obvias, y por lo tanto carecerán
del aparato publicitario o inclusive lo tendrán en contra;
esto hará que el crecimiento de tales alternativas políticas
sea más lento. Esta lentitud, si bien no invalida la vía
democrática, no se corresponde con el nivel de urgencia
de algunas franjas de la población, las que pueden incluir
dentro de su nihilismo político a todo el espectro político:
a los políticos tradicionales porque los traicionan y a
los alternativos porque avanzan muy lentamente. Esta encerrona
hace que la gente busque salidas rápidas que de todos modos
no conducen a nada pero le dejan la sensación de que algo
se está haciendo. La respuesta catártica y violenta
del estallido de un conflicto social, es una señal de impotencia.
Los pueblos viven una encerrona: el sistema económico
los margina, el Estado no los protege y falsos líderes
los traicionan.
Pero ojalá eso fuera todo, porque en los últimos
años se agregó el fenómeno de la globalización,
mediante el cuál los estados han pasado a ser rehenes de
la banca internacional, por lo que muchas decisiones que afectan
a la gente ya ni siquiera dependen de la voluntad política
de sus gobernantes, que sólo son gerentes del verdadero
poder..
EL ESTADO Y LA GLOBALIZACION
Hay quienes creen que efectuar críticas contra la globalización
significa estar en contra del progreso; nada más alejado
de la realidad. Una cosa es el fenómeno de la mundialización,
en el que las comunicaciones y el intercambio cultural van haciendo
que el mundo sea uno, más allá de las fronteras,
lo cuál está muy bien y ojalá pronto el mundo
sea una Gran Nación Humana Universal. Pero otra cosa muy
distinta es lo que está pasando porque el poder económico
utiliza el progreso y las comunicaciones para seguir concentrando
riqueza y empobrecer a los pueblos.
El poder económico concentrado, y sobre todo el poder financiero,
la banca internacional se han montado sobre el proceso de globalización
para manejarlo a su antojo y sacar provecho. El endeudamiento
de los estados, las recetas económicas de los organismos
financieros internacionales como el Fondo Monetario y el Banco
Mundial, las intervenciones de las Naciones Unidas y USA en los
asuntos internos de todos los países, las presiones de
la Organización Mundial de Comercio para la apertura arbitraria
de las fronteras comerciales, son sólo algunos de los ejemplos.
Hoy los capitales van y vienen libremente de un país a
otro disciplinando las economías nacionales a su voluntad
y pueden "secar" un país en un abrir y cerrar
de ojos para luego ponerlo de rodillas y obligarlo a entregar
su patrimonio a cambio del crédito usurero.
Esa libertad tienen los capitales financieros. Sin embargo las
poblaciones no tienen la misma libertad para migrar desde su país
en busca de trabajo hacia otras naciones. Las personas no gozan
de la libertad de circular libremente por el mundo. Los países
del denominado primer mundo, hacia donde tienden a migrar los
marginados de los denominados "países en vías
de desarrollo", ponen serias limitaciones a la inmigración.
Ellos quieren la globalización que los enriquece pero no
quieren que la pobreza que generan se les acerque. Los países
del primer mundo tienden a ser como esos barrios privados denominados
"countrys", donde los pobres no pueden entrar porque
un guardia de seguridad los detiene.
Desde luego que también dentro de los países del
denominado primer mundo hay marginados, pero en general las fuerzas
imperiales tratan de tener "tranquila su casa", mientras
les otorgan patente de pirata a sus multinacionales para que saqueen
a los pueblos de los países del resto del mundo.
Entonces a medida que la marginación avanza la gente trata
de emigrar hacia los países ricos buscando oportunidades
laborales, aunque sólo un bajo porcentaje logra concretarlo.
Los pobres de todo el mundo tienen un problema similar a parte
del pueblo cubano, a éstos no los dejan emigrar de su país
y a los otros no los quieren recibir en ningún lado; conclusión
ninguno tiene libertad para circular por el mundo. Entonces tenemos
países enteros donde las poblaciones se mueren de hambre
o apenas sobreviven en condiciones infrahumanas, y no pueden salir
de allí porque nadie quiere recibirlos. Son como gigantescos
campos de concentración adonde a veces llegan algunos alimentos
o alguna ONG del sistema haciendo su negocio. Y desde ya que de
todos modos muchos logran emigrar ilegalmente o aprovechando algún
artilugio legal, pero el porcentaje es mucho menor al de los que
emigrarían si la circulación de las personas fuese
libre por todo el mundo, como libre es la circulación de
los capitales.
¿Qué pasaría si los miles de millones de
pobres de Asia, África Latinoamérica y Europa del
Este pudieran emigrar libremente a Europa Occidental o a USA?
Les colapsaría el sistema por los cuatro costados.
La globalización como está planteada es funcional
al imperialismo, ya que mientras recibe los beneficios económicos
succionando recursos con la libre circulación del capital
financiero y las multinacionales, evita tener que hacerse cargo
de la pobreza que genera gracias a las restricciones en la circulación
de las personas.
Desde luego que para globalizar bajo esas condiciones se necesita
que los gobernantes de los países sean obedientes al poder
mundial, ya sea por complicidad o por chantaje o una combinación
de ambas cosas. Y así las cosas los gobernantes siempre
tienen la excusa de que no se pueden hacer determinadas cosas
porque las presiones externas de un mundo complejo y globalizado
no se lo permiten.
En el caso de Argentina, si al ingreso nacional se lo dividiera
en partes iguales por cada familia, alcanzaría la cifra
de 3.000 dólares mensuales para cada una, por lo tanto
no debería haber un solo pobre. El problema es que para
redistribuir los ingresos habría que afectar intereses,
por ejemplo los de las empresas privatizadas, los grupos empresarios
locales, las multinacionales y los bancos, y lógicamente
que esos poderes son los que controlan a los gobiernos y no permitirían
semejante afrenta. Sería una "violación a sus
derechos usureros", en nombre de una cosa tan "secundaria"
como los derechos humanos del pueblo.
Y desde luego que si a algún funcionario distraído
se le ocurriera pensar en tocar levemente esos intereses, tronará
el escarmiento con la suba del riesgo país, la caída
de las bolsas, la salida de capitales y otros chantajes que hacen
volver en razón al díscolo funcionario.
Es por eso que muchas luchas sociales dirigidas a presionar a
los gobiernos para obtener reivindicaciones chocan con la muralla
del "no se puede" de los gobernantes, y en cierta manera
dicen la verdad: ellos, no pueden.
-¡Los gobernantes somos sólo los gerentes, usted
debe hablar con el dueño!-, parecen decirnos a modo de
excusa. -¿Y el dueño donde está?-, preguntamos
nosotros.-¡No sabemos muy bien, pero en otro país
seguro, y cada vez que no hacemos lo que dicen se viene una tormenta!-,
responden.
Pareciera que estamos atrapados y sin salida.
QUE HACER ENTONCES
Desde luego que en el mediano plazo debemos ir hacia una democracia
real y participativa, donde el pueblo realmente gobierne a través
de sus genuinos representantes.
Desde luego que la solución no es una dictadura ni la anarquía.
La respuesta es la democracia real, y no la formal que ahora tenemos.
Pero el dilema es cómo avanzar hacia ello mientras se trata
de dar respuesta a las urgencias de los más necesitados.
Porque hay dos problemas que en realidad son dos aspectos de la
misma cosa:
Una verdadera alternativa política a los partidos tradicionales
sólo puede crecer y tomar el poder si encarna un verdadero
Movimiento Social que cuente con el apoyo organizado de la mayor
parte de la población; porque queda descartado que un partido
así podría ascender con el apoyo del poder económico
por razones obvias.
Pero por otra parte, mientras la alternativa política crece
¿De qué viven los marginados?
Además, en el transcurrir del proceso podría pasar
que los sectores marginados no apoyen a un Movimiento Social que
teoriza a futuro mientras ellos se mueren de hambre. Y si los
más necesitados no se identifican con ese Movimiento Social
¿De qué Movimiento Social estaríamos hablando?
Y desde luego que un Movimiento Social implica mucho más
que la lucha por mejorar las condiciones de vida mínimas,
sus objetivos deben ser más amplios, profundos y diversos.
Pero en el aspecto que estamos analizando ahora, de la rebeldía
frente a la marginación, seguramente que un Movimiento
Social debería crecer desde la lucha junto a los que menos
tienen, a la vez que vaya creciendo como alternativa política.
Ahora bien, cuando se habla de lucha, muchas son las interpretaciones
que puede tener esa palabra, y a veces se la suele asociar con
la violencia. En tal sentido debemos ser claros y contundentes:
La violencia no conduce a nada positivo para el ser humano, ya
sea que se la plantee a priori como metodología de acción,
ya sea que se desemboque en ella como respuesta a la represión
del gobierno.
LA ESCALADA DE LA VIOLENCIA ES UN CALLEJON SIN
SALIDA
Para quienes consideramos a todo tipo de violencia como repudiable,
nos resulta claro que hay una sola vía de resolver los
conflictos, sin embargo aún para aquellos que tienen dudas
sobre la eficacia de la no violencia, o interpretan que el uso
de la violencia es una suerte de castigo a los opresores, cabría
aclararse los objetivos.
La pregunta correcta no es ¿Tenemos derecho a ejercer acciones
violentas contra quienes nos oprimen?
La pregunta correcta es ¿Terminaremos con la violencia
y la opresión mediante el uso de la violencia?
Y la respuesta es NO.
La complejidad de la organización social actual y el enorme
poder que tienen los que dominan, hacen que cualquier acción
violenta por parte de los oprimidos genere una reacción
mayor que termina por aplastar y disgregar a quienes se rebelan.
Si lanzas una piedra responderán con
una bala.
Si lanzas una bala volverán con una tanque.
Si consigues un tanque enviarán los aviones.
¿Qué hacer entonces, quedarnos
quietos?
De ninguna manera, pero debemos salir del juego de acciones y
reacciones en el que siempre ganarán los violentos.
Precisamente los poderosos son tales porque tienen el manejo de
la fuerza bruta; pretender desafiarlos en ese terreno no tiene
sentido, a menos que el objetivo sea demostrar hombría,
o pasar a la historia como mártires de una revolución
inconclusa. Pero si el objetivo es llevar adelante una verdadera
revolución, no que se declame sino que se realice, entonces
debemos usar la fuerza de la inteligencia y la organización
que son recursos al alcance de los oprimidos: "Si debes enfrentar
a un campeón mundial de boxeo, no subas al cuadrilátero,
hazlo sentarse frente a un tablero de ajedrez". La fuerza
bruta no es un recurso al alcance de los oprimidos sino de los
opresores. Pero en la debilidad de los oprimidos radica su verdadera
fuerza, la fuerza del espíritu, la fuerza de la inteligencia,
la fuerza de la organización. Pero esto hay que desarrollarlo,
no es tan espontáneo. Lo espontáneo suele ser la
reacción violenta del torpe o la pasividad del cobarde,
y ambas son suicidas.
Hay quienes creen que la violencia, si bien no alcanza para derrotar
en una primera instancia al opresor, sirve para debilitarlo y
desestabilizarlo. Sin embargo la experiencia demuestra que cuando
se logra una desestabilización enseguida llega una fuerza
mayor a poner orden y aumenta el autoritarismo y la represión.
Muchos golpes militares han justificado su intervención
ante la sociedad con el pretexto de terminar con la desestabilización
y el caos.
EL SIN SENTIDO DE LA ACCION
VIOLENTA
Existen algunas teorías que afirman que ningún
cambio en la historia se logró sin el uso de la violencia.
Estas teorías tienen tantas excepciones que lejos están
de ser una verdad absoluta a nivel histórico.
En primer lugar podemos decir que muchos de los cambios logrados
mediante el uso de la violencia, si bien sirvieron para derrocar
algún tirano, éste luego fue reemplazado por otro
tirano similar, aunque de diferente signo político. Por
lo tanto cuando hablamos de cambios, hay que diferenciar entre
los cambios que le hicieron un bien a los pueblos y aquellos que
los dejaron igual o peor que antes.
En otros casos, aquellos que tuvieron la capacidad para derrocar
un sistema, no tuvieron luego la capacidad para reemplazarlo por
algo mejor e inclusive empeoraron las cosas.
Ocurre que muchas veces la decisión del uso de la violencia
nace del resentimiento y por ello lleva dentro el germen de la
destrucción y la intolerancia, y esa misma intolerancia
luego se vuelve contra el mismo pueblo en el nombre del cuál
se decía luchar, toda vez que ese pueblo disiente con las
políticas del gobierno revolucionario.
La historia también es abundante en intentos fallidos de
revoluciones violentas que terminaron con el exterminio de los
revolucionarios, la tortura y la desaparición de personas,
con lo cuál se retrocedió en la voluntad de cambio
de la sociedad en su conjunto. Los procesos latinoamericanos de
la década del 70, con la posterior desmovilización
social de los 80, son un claro ejemplo de ello.
Por otra parte existen en la historia numerosos ejemplos de haber
avanzado en transformaciones sociales a través de la lucha
no-violenta: el boicot y la no cooperación de la India
de Gandhi hasta independizarse de los ingleses y la lucha contra
la discriminación a los negros en EEUU liderada por Luther
King son los ejemplos más conocidos. Pero también
podemos citar la lucha de los sindicatos a través de las
huelgas que llevó a una sensible mejora en las condiciones
laborales hacia la primer mitad del siglo XX. En realidad a diario
tenemos ejemplos de lucha no violenta y del logro de objetivos
en muchos aspectos del campo de los Derechos Humanos; el ejemplo
de las madres de Plaza de Mayo en Argentina es todo un símbolo.
De modo que esa creencia de que sólo por medio de la violencia
se obtienen las cosas, no tiene el menor asidero, y mucho menos
en esta época en que el enemigo se ha hecho invisible detrás
de la globalización.
Desde luego que cuando hablamos de enfrentarnos con el poder económico,
muchos podrán decir que la cosa no será tan fácil,
y que si no es por la fuerza el poder económico no va a
ceder sus privilegios para mejorar la situación de los
pueblos. Y en cierta manera tienen razón, porque no será
pidiéndole permiso que el poder económico cederá
posiciones, pero cuando se trata de fuerza, no necesariamente
debemos identificar la fuerza con la violencia. Millones de seres
humanos organizados son una inmensa fuerza que puede desarticular
a los más poderosos sin necesidad de emplear la violencia,
y lo que es más importante aún, minimizando la posibilidad
de que los poderosos ejerzan violencia sobre los rebeldes.
Claro que para llegar a millones organizados, primero hay que
llegar a cientos y luego a miles, y de eso se trata este asunto.
LA LUCHA NO VIOLENTA DENTRO DEL SISTEMA DEMOCRATICO
Ya han pasado las épocas de los gobiernos militares en
Latinoamérica. El Imperio necesitaba de los gobiernos de
facto porque los sistemas democráticos aún eran
permeables a "ideologías prohibidas"; pero con
el tiempo, la represión, las desapariciones, la educación
alineada con la "verdad oficial", la propaganda y el
chantaje económico fueron "encarrilando" a políticos
y votantes, hasta hacer de los sistemas democráticos simples
pantallas locales de la fuerza imperial. Hoy a ningún partido
político tradicional, ni siquiera al comunista o al socialista
se le ocurriría proponer en su plataforma política
un cambio de sistema económico. Hoy todos aceptan al capitalismo
aunque con distintas tonalidades, tenemos los neoliberales que
pretenden que el mercado regule la vida y muerte de las personas,
y tenemos los seudo progresistas que piden por un "capitalismo
de rostro humano", y en el campo progresista se habla más
de reivindicaciones que de cambio de sistema. Y desde luego que,
gobierne quien gobierne, se termina haciendo lo que el poder central
quiere: donde conviene liberalizar los mercados para comerse todo,
se liberan los mercados, donde conviene regular para que no compitan
otros, se regula y donde alguien quiere tomar medidas a favor
de la gente, se les dice no se puede por ahora.
El capital financiero se ha apoderado de todo y mediante la rienda
del endeudamiento digita las políticas nacionales y exprime
a los pueblos con intereses usureros. Semejante concentración
de poder hace que cada vez sea más difícil lograr
reivindicaciones sociales, por el contrario, se ha comenzado a
retroceder aceleradamente con el crecimiento de la desocupación,
marginación y la flexibilización laboral.
Hoy podemos ver como toda la fuerte oposición que se levanta
frente a ese poder a través de huelgas, protestas, manifestaciones,
y presiones políticas, si bien son imprescindibles para
ponerle trabas al avance del poder imperial, no alcanzan para
frenarlo. El Imperio utiliza la táctica de avanzar dos
pasos y retroceder uno. Continuamente se recortan salarios y se
genera desocupación y miseria, y cuando esas medidas tienen
rechazo por parte de las organizaciones sociales, entonces se
dan algunas concesiones menores para más tarde volver a
avanzar.
En los últimos años hemos visto multiplicarse los
estallidos sociales, las protestas sindicales, las manifestaciones
contra el FMI, contra la globalización, contra los despidos,
etc. Mucha fuerza se ha hecho para detener el avance de la fuerza
imperial, y eso es muy positivo, sin embargo la conclusión
es que ésta ha avanzado inexorablemente. Claro que posiblemente
si todas estas protestas no hubieran existido, el avance hubiese
sido más rápido, pero la conclusión es que
el avance es continuo y no parece haber fuerza en el mundo capaz
de detenerlo.
Y si vemos como ese avance ha dejado como resultado la mayor concentración
de riqueza y el mayor empobrecimiento de los pueblos, es previsible
un negro futuro para la humanidad, mucho más negro de lo
que hoy vemos o alcanzamos a imaginar.
Entonces, si todo lo que se ha hecho hasta ahora para detener
ese avance no ha servido, la pregunta es qué es lo que
debe hacerse.
Hay que golpear donde les duele, hay que golpear hasta que caigan.
Pero golpear no es dar golpes de violencia, porque no es ético
y porque no les duele.
Al poder económico no le duele la pedrada que le pegan
a un gendarme, y al pueblo sí le duele la bala que el gendarme
devuelve.
Al poder económico no le duele una comisaría incendiada,
y al pueblo sí le duelen sus militantes encarcelados y
torturados.
Lo que al poder económico le duele es perder dinero, perder
el poder político de sus secuaces nacionales; le duele
que lo desenmascaren y que la gente se deshipnotice; le duele
que la gente se organice y haga crecer una opción, un Movimiento
Social que no puedan comprar con dinero. Le duele que se le den
vuelta sus propios socios y guardianes.
El sistema está muy bien preparado para reprimir acciones
violentas y cada vez se va a perfeccionar más. El que piense
que por esa vía va a conseguir algo, se equivoca o persigue
otros fines . La violencia no solamente debe ser descartada por
razones de ética, lo que de por sí bastaría,
sino también por inútil.
Y si alguien cree que las fricciones violentas harán enardecer
a la población que finalmente saldrá mancomunadamente
a derrocar al gobierno, se equivoca, porque si la población
ya estuviera en condiciones de unirse espontáneamente,
comenzaría por no votar al gobierno que supuestamente debe
derrocar; y además en esa creencia se desconoce el proceso
de desestructuración que sufre la sociedad. Las fricciones
violentas no suman gente a la causa, la restan.
Sin embargo, sabemos que muchas veces la opción violenta
nace de la impotencia de ver que las otras vías están
agotadas. Lo que ocurre es que esas otras vías, las del
simple petitorio o reclamo no son suficientes, el sistema ya tiene
anticuerpos contra ellas.
100.000 personas en una plaza pidiendo que el gobierno no se arrodille
ante el Fondo Monetario es seguramente un gran avance, pero si
además esas cien mil personas estuvieran organizadas llevando
adelante acciones no violentas de boicot contra la banca y el
gobierno, el resultado sería mucho mayor.
El simple petitorio no sirve, la simple declaración no
sirve, o mejor dicho sirve para difundir la demanda, pero eso
solo no alcanza.
Por otra parte existen cúpulas sindicales que de tanto
en tanto realizan un paro de 24 horas para ubicarse en una posición
de fuerza que les permita negociar prebendas o posicionarse políticamente,
pero indefectiblemente después terminan traicionando a
la gente, con lo cual se va deteriorando la posibilidad de que
exista una resistencia organizada. La gente cada vez cree menos
en las organizaciones porque las cúpulas son corruptas
y a la vez la lucha desorganizada no tiene posibilidades de avanzar:
una de las paradojas del momento actual.
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