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El
Derecho a la Rebelión y La lucha No Violenta (1)
por Guillermo
Alejandro Sullings
Nota del Autor
Introducción
LA VIOLACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS EN
DEMOCRACIA
LA ACCION DIRECTA - ACCION Y REACCION
LA MARGINACION
EL PAPEL DEL ESTADO
EL ESTADO Y LA GLOBALIZACION
QUE HACER ENTONCES
LA ESCALADA DE LA VIOLENCIA ES UN
CALLEJON SIN SALIDA
EL SIN SENTIDO DE LA ACCION VIOLENTA
LA LUCHA NO VIOLENTA DENTRO DEL SISTEMA
DEMOCRATICO
EL DERECHO DE LOS DEMAS Y LA LUCHA
NO VIOLENTA
LA METODOLOGÍA DE LA NO VIOLENCIA
ACTIVA
LOS METODOS DE LA ACCION NO VIOLENTA
LAS POSIBILIDADES DE LA LUCHA NO
VIOLENTA EN EL MUNDO ACTUAL
SINTESIS
Nota del autor
Este modesto y sencillo escrito no pretende ser un análisis
profundo de la problemática de la marginación y
la lucha no violenta. Para eso habrá que consultar a los
especialistas.
Con este escrito se pretende plantear algunos conceptos, en el
lenguaje más simple posible, para entendernos con su destinatario
principal: las personas marginadas por esta sociedad y todos aquellos
que se solidarizan con la lucha por los Derechos Humanos.
Debo aclarar también que en mi condición de Humanista
considero que la violencia es repudiable en cualquier circunstancia
y que la lucha no-violenta no necesita justificarse por la inutilidad
de la lucha violenta; no obstante, si en algunos pasajes de este
trabajo enfatizo en la inconveniencia del uso de la violencia
es porque entiendo que muchas personas de buen corazón
pueden caer en la trampa del sistema de llevar la lucha al terreno
violento.
Hay mucho por discutir y mucho por transitar sobre cómo
desarrollar la lucha para rebelarse contra los condicionamientos
de una sociedad que margina cada vez a más gente.
Espero que este sencillo trabajo aporte su grano de arena.
Los conceptos vertidos aquí, excepto las citas, forman
parte de mi opinión personal y no deben interpretarse como
la postura conjunta de una organización; no obstante creo
que corresponde dejar claro ante el ocasional lector mi plena
identificación con la filosofía y proyecto del Movimiento
Humanista, en el cual participo activamente desde hace muchos
años, y de cuya amplia bibliografía he extraído
los siguientes conceptos que a continuación transcribo:
"Los Derechos Humanos no tienen la vigencia
universal que sería deseable porque no dependen del poder
universal del ser humano sino del poder de una parte sobre el
todo y si los más elementales reclamos sobre el gobierno
del propio cuerpo son pisoteados en todas las latitudes, sólo
podemos hablar de aspiraciones que tendrán que convertirse
en derechos. Los Derechos Humanos no pertenecen al pasado, están
allí en el futuro succionando la intencionalidad, alimentando
una lucha que se reaviva en cada nueva violación al destino
del hombre. Por esto todo reclamo que se haga a favor de ellos
tiene sentido porque muestra a los poderes actuales que no son
omnipotentes y que no tienen controlado el futuro" .(Silo,
"Humanizar la Tierra",
"El Paisaje Humano").
"Hasta tanto el ser humano no realice
plenamente una sociedad humana, es decir una sociedad en la que
el poder esté en el todo social y no en una parte de él
(sometiendo y objetivando al conjunto), la violencia será
el signo bajo el cuál se realice toda actividad social.
Por ello, al hablar de violencia hay que mencionar al mundo instituido,
y si a ese mundo se opone una lucha no-violenta debe destacarse
en primer lugar que una lucha no-violenta es tal porque no tolera
la violencia. De manera que no es el caso de justificar un determinado
tipo de lucha sino de definir las condiciones de violencia que
impone ese sistema inhumano". (Silo, "Humanizar la Tierra",
"El Paisaje Humano")
"Los humanistas no son violentos, pero
por sobre todo no son cobardes ni temen enfrentar a la violencia
porque su acción tiene sentido. Los humanistas conectan
su vida personal, con la vida social. No plantean falsas antinomias
y en ello radica su coherencia" (Silo, "Cartas
a mis Amigos")
"El Nuevo Humanismo se esfuerza en minimizar
la violencia hasta el límite extremo, superarla completamente
en perspectiva y encaminar todos los métodos y formas de
resolver oposiciones y conflictos sobre los rieles de la no-violencia
creadora." (Silo, "Diccionario
del Nuevo Humanismo" )
Introducción
La sociedad actual pareciera encontrarse en un callejón
sin salida, mientras se van sucediendo los diferentes gobiernos
democráticos elegidos por la gente, va aumentando la disconformidad
de esa misma gente por sus gobiernos. La paradoja de una democracia
formal, donde parece que elegimos entre opciones diversas pero
donde finalmente siempre gobierna el mismo poder, nos llena de
impotencia. Mientras tanto, millones de seres humanos son arrojados
fuera del sistema, cayendo en el desempleo y la marginación
social, sin que aparentemente se pueda hacer nada para cambiar
el rumbo de las cosas.
Y mientras crece la impotencia en cada uno de esos seres humanos
arrojados a su suerte, la respuesta del Estado es siempre la misma:
No se puede solucionar el problema, la globalización es
más fuerte, pero ya pasará. Parece ser que la impotencia
tiñe a la sociedad toda. A veces la impotencia explota
catárticamente en conflictos sociales aislados y desarticulados
que no logran cambiar el rumbo de los acontecimientos. Mientras
tanto el poder económico se sigue concentrando y los pueblos
se siguen empobreciendo; la banca sigue succionando con tasas
usureras y las multinacionales siguen devorando todo a su paso.
Y en una sociedad que nos enseñó que nuestros derechos
terminan donde comienzan los derechos de los demás, empezamos
a ver crecer y crecer los derechos de los que más tienen,
mientras que los nuestros se van reduciendo drásticamente,
al punto tal que ni siquiera se nos respetan los mínimos
derechos humanos, como son el derecho al trabajo, a la vivienda,
a la salud y la educación. Y sin embargo, todo parece funcionar
dentro de la legalidad y con las instituciones democráticas
vigentes.
Nos dan una palmada en el hombro y nos dicen que nuestros reclamos
son genuinos, que hay que esperar y que ya lo van a resolver;
mientras vemos como se llenan los bolsillos los funcionarios y
acumulan poder los bancos y las multinacionales.
Pero todo es legal, la pérdida de nuestros derechos es
legal, y no se puede hacer nada, salvo esperar al próximo
gobierno que seguramente hará lo mismo.
Algo no funciona, algo no nos han dicho cuando nos leyeron nuestros
derechos mientras nos arrojaban al pozo de la marginación.
Lo que no nos dijeron es que todo ser humano, viva en dictadura
o viva en democracia, cuando es despojado del derecho al trabajo,
del derecho a la salud, del derecho a la educación y a
una vivienda digna, cuando se ha quedado sin ninguno de estos
derechos, aún le queda el último derecho que no
le podrán quitar:
El derecho a la Rebelión.
Una rebelión sin violencia, una
rebelión organizada y con inteligencia, una rebelión
donde la fuerza esté en el espíritu de los que luchan
por una causa justa. Una rebelión que utilice las metodologías
de lucha de la no-violencia activa para cambiar el rumbo de las
cosas. Y cambiar el rumbo significa empezar a luchar contra el
poder real, que es el poder económico.
LA VIOLACIÓN DE
LOS DERECHOS HUMANOS EN DEMOCRACIA
Desde luego que son muchos los casos en los que en plena democracia
se violan derechos fundamentales a través del encarcelamiento,
la tortura y la muerte. Pero no nos referiremos a esos derechos
que se violan clandestinamente, ya que una democracia jamás
aceptaría que semejante realidad se difunda porque sería
incompatible con el sistema y su imagen pública. Hablaremos
de aquellos otros derechos humanos que a pesar de formar parte
de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948,
pocas veces son considerados como tales: el derecho a la salud,
a la educación, al trabajo, a una vivienda digna. Estos
derechos que continuamente son negados y violados con total desparpajo
dentro del marco de la legalidad.
Si le preguntáramos a alguien si un gobierno elegido democráticamente,
puede violar los derechos humanos, la respuesta inmediata sería
que no, pero a veces esos límites no están tan claros,
como no lo están los derechos.
Por ejemplo, si en un país donde existen odios raciales
ganara las elecciones democráticas un partido que representa
a una de las razas y en su plataforma propone reimplantar la esclavitud
para la raza perdedora, es para todos evidente que semejante propuesta
no puede ser legitimada por el simple hecho de tener el aval del
voto mayoritario. Si el partido gobernante insistiera en convertir
en ley la reinstauración de la esclavitud, dicha norma
sería legal pero no sería legítima porque
viola el derecho a la libertad de las personas, y en ese caso
los ciudadanos que se ven perjudicados por dicha ley tienen todo
el derecho a rebelarse contra su implementación.
Este ejemplo sobre la violación de un derecho humano que
hoy nos resulta tan evidente, no resultaba tan evidente hace escasos
dos siglos, para una humanidad que había considerado a
la esclavitud como una institución legítima durante
miles de años. Hoy la visión retrospectiva convierte
en incomprensibles usos y costumbres que en otra época,
no tan remota, eran lo dado, lo normal, lo aceptado.
¿Cuántas cosas que hoy aceptamos como lo normal,
les resultarán incomprensibles a nuestros nietos?
¿Acaso la aceptación de que la convivencia entre
la opulencia de unos pocos y la miseria de muchos es lo correcto
porque así lo establecen las reglas del capitalismo?
¿Acaso la aceptación de la fatalidad de que haya
niños que mueren por causas previsibles, mientras políticos
faranduleros llenan las tapas de las revistas de moda?
¿Acaso la contradicción de una democracia formal
mediante la cuál el pueblo elige para gobernar a quienes
al minuto siguiente detesta?
¡Cuántas cosas que hoy nos pasan y que vemos como
fatalidades algún día se verán como lo que
son: violaciones de derechos disfrazadas de "usos y costumbres
aceptados"!
Porque si hoy alguien golpeara en nuestra casa y nos comunicara
que somos esclavos e intentara encadenarnos, seguramente nos rebelaríamos
con todas nuestras fuerzas y recibiríamos la ayuda de nuestros
vecinos y amigos ante semejante atentado; y si alguien nos pretendiera
obligar a casarnos con quien no queremos o a votar por quien no
deseamos, seguramente también nos rebelaríamos.
¿Por qué entonces no nos rebelamos cuando no se
nos deja trabajar para mantener a nuestra familia, o cuando no
tenemos una casa donde vivir o cuando estamos enfermos y no tenemos
atención adecuada?
¿Por qué creemos que estamos pidiendo un favor cuando
reclamamos por algunos de nuestros derechos humanos, y hasta creemos
que estamos cometiendo un delito si reclamamos fuera de los cánones
que nos impone una ley redactada por quienes violan nuestros derechos?
¿Será que nos falta esclarecimiento acerca de cuáles
son nuestros derechos?
¿Será que lo que es aceptado por la mayoría
nos hace sentir impotentes para reclamar lo que creemos genuino?
¿Será que no logramos establecer la relación
que existe entre las acciones del poder establecido y nuestros
sufrimientos sociales, y no sabemos quien es el culpable?
¿Será que no hay culpables, o que todos somos un
poco responsables por acción u omisión?
Tal vez una mezcla de todas estas cosas.
Pero, ¿cuál será el punto de inflexión,
cuál será el momento en que lo aceptado y lo dado
ya no se vea como tal, sino como la violación de un derecho
y entonces comience la rebelión?
Tal vez cuando haya una conciencia generalizada acerca de cuáles
son nuestros derechos.
Tal vez cuando sepamos contra qué hay que luchar.
Tal vez cuando sepamos que la lucha tiene posibilidades de llegar
a buen término
Tal vez una mezcla de todas estas cosas, o tal vez simplemente
cuando resolvamos que queremos vivir y en condiciones dignas.
La burocratización en la violación de los derechos
humanos.
Si habitamos una casa y alguien nos despojara de ella, nos resultaría
evidente que ese alguien está violando nuestro derecho.
Si un gobierno estableciera por ley que determinado sector de
la población no tiene derecho a comer, resultaría
muy clara la violación de un derecho. Lo mismo ocurriría
si nos despojaran por decreto del derecho a la salud o a la educación.
Sin embargo en este mundo complejo y globalizado, donde la toma
de decisiones nace en círculos de poder que ya no tienen
identidad ni asiento geográfico visible, y esas decisiones
se transmiten por una maraña de circuitos por donde circula
la presión económica, el poder político y
el manejo de la opinión pública. En esa compleja
interacción de factores muchas veces se violan nuestros
derechos sin que sepamos muy bien de donde viene el latigazo ni
quién es el responsable si es que lo hay, y entonces nos
encontramos con que fuimos despojados del derecho a una vivienda
digna, del derecho al trabajo, a la salud y a la educación,
como quien es víctima de una inundación o un terremoto
o algún otro flagelo de la naturaleza, fuera del control
de la voluntad humana.
En la época del proceso militar argentino se puso en marcha
un siniestro plan para la desaparición de personas; en
muchos aspectos este plan era ejecutado por una infernal maquinaria
en la que la toma de decisiones e implementación era burocratizada
de modo tal que muchos participaban en ella sin sentir que cargaban
con la culpa de estar asesinando a una persona porque sólo
habían sido un eslabón en una cadena, procedimientos
ya utilizados por la maquinaria nazi en el exterminio de judíos.
Las culpas se diluyen entre muchos, y entonces nadie se siente
(o trata de no sentirse) totalmente responsable.
En una de las famosas novelas de intriga policial de Agatha Christie,
un grupo de personas se puso de acuerdo para asesinar a alguien
a quien todos odiaban, pero ninguno quería cargar en su
conciencia el peso de un homicidio; entonces decidieron darle
un somnífero y cuando dormía en su camarote en plena
oscuridad, todos alteraron sus relojes y en diferentes momentos
le dieron una puñalada cada uno. De ese modo nunca nadie
supo quien le había asestado la puñalada mortal
ni quien había apuñalado a un cadáver, y
todos se sintieron un poquito culpables, pero nadie en su totalidad.
Del mismo modo, el sistema económico y social es una maquinaria
de destrucción burocratizada, en la que unos pocos ponen
la intensión de destruir y violar los derechos de las mayorías,
mientras muchos intermediarios son ejecutores parciales. En este
sistema individualista del sálvese quien pueda, cualquiera
puede justificar su accionar para defender sus propios intereses,
aunque con ese accionar perjudique a otro (algo así como
la obediencia debida del proceso militar).
Hay quienes toman decisiones financieras en algún lugar
del mundo, entonces aumentan las tasas de interés en otro
lugar del mundo, entonces una empresa tiene problemas financieros,
entonces debe despedir gente para poder subsistir, y mientras
tanto un Estado desfinanciado, mitad por obra de los usureros,
mitad por obra de los corruptos del gobierno, no tiene dinero
para dar un subsidio al desempleado. Entonces el desempleado se
explica su situación diciendo que como la economía
anda mal él quedó desocupado y como el Estado no
tiene recursos él quedó desprotegido, y no hay nadie
que pueda hacer nada. Se vive la situación con impotencia
y desconcierto, porque no se sabe muy bien como se origina ni
quienes son y donde están los responsables.
Y este ejemplo es muy sencillo, porque en realidad los circuitos
de la toma de decisiones son mucho más complejos. En definitiva,
lo que intentamos decir es que al burocratizarse la metodología
de violación de los derechos humanos, pasa lo siguiente:
· No caemos en cuenta que se están violando nuestros
derechos.
· No tenemos claro quienes son los responsables de nuestra
situación.
· No tenemos claro quién nos puede resolver los
problemas.
· Sentimos que nuestro problema es nuestro, y no de la
organización social, y por lo tanto lo debemos resolver
aisladamente.
Estos conceptos son muy importantes, porque son el principio
de la explicación del porqué mucha gente no se rebela
frente a la creciente violación de sus derechos, y quienes
intentan hacerlo no logran tener eficacia en su accionar.
LA ACCION DIRECTA - ACCION Y REACCION
Si alguien nos atacara en forma directa,
nuestra respuesta tiende a ser también directa. Si nos
golpean, nos defendemos, o en todo caso huimos si estamos en inferioridad
de condiciones. Pero cuando se produce un terremoto: ¿Cuál
es la acción directa que podemos efectuar para terminar
con el sismo? Ninguna, porque el origen del fenómeno está
fuera de nuestro alcance.
Esto es lo que suele pasar con los problemas sociales, sentimos
que no tenemos posibilidades de ejercer una acción directa
que cambie el rumbo de las cosas. Pero a veces tendemos, casi
por reflejo a ejercer alguna acción directa, a veces de
modo catártico y hasta violento, pero casi siempre ineficaz.
Si estamos frente al cajero de un banco y este nos quiere dar
un billete falso, nuestra acción directa puede ser un escándalo
ante el cuál finalmente se aclare la situación y
resolvamos el problema. Pero si estamos frente a un cajero que
nos efectúa un descuento no habitual en el pago de nuestro
salario, porque tiene orden de la gerencia, y la gerencia a su
vez recibió instrucciones de la casa matriz de efectuar
ese descuento por resolución del Banco Central quien a
su vez responde a una decisión económica tomada
por el Ministerio de Hacienda a pedido del Fondo Monetario Internacional,
que está presionado por los lobbies bancarios, etc, etc,
. entonces por más que tomemos de la solapa al pobre cajero,
no vamos a poder resolver el problema y el descuento se nos hará
aunque signifique un atropello; y mejor que soltemos rápido
al cajero porque si no además nos meten presos.
Bueno, ese es un ejemplo de la burocratización en la violación
de nuestros derechos y la consecuente ineficacia de la acción
directa inmediata y aislada.
Podemos gritar e insultar para dejar sentado que no somos unos
gallinas que se quedan callados, si, si, si....pero la platita
igual se la quedó el banco.
Claro que también podemos presentar un recurso judicial,
que nos costará más caro que el descuento que se
nos hizo, y demorarán varios meses para finalmente decirnos
que tenía razón el banco.
LA MARGINACION
Este sistema social desecha gente y la arroja hacia la desprotección.
Pero este fenómeno es muy diferente al fenómeno
de la explotación capitalista salvaje que predominó
entre fines del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX; en
esa época se explotaba a la gente que trabajaba y entonces
las organizaciones sindicales lucharon por sus reivindicaciones,
por los derechos de los trabajadores, utilizando el instrumento
de la huelga ya que de ese modo, paralizando las fábricas,
tenían un elemento de presión sobre el capitalismo.
Hoy en día, independientemente de que continúe la
explotación de los trabajadores en muchos lugares, el mayor
problema es el de la creciente desocupación. El desocupado
queda marginado del sistema y no tiene modo de ejercer presión
al capital con el que ha perdido todo vínculo.
Como veremos más adelante, la lucha contra la marginación
debe tener características muy diferentes a la vieja lucha
de clases, incluyendo metodologías distintas.
La marginación social es funcional al capitalismo liberal,
por lo tanto no figuran dentro de las aspiraciones del sistema
ni el pleno empleo, ni la mejora en las condiciones de vida de
la gente.
Numerosas empresas, entre ellas las multinacionales, tienen una
política parecida con respecto a su personal, algo que
podríamos definir como: ¡El que sale último
queda fuera del juego!
Hay empresas que utilizan la táctica de despedir todos
los años al 10 % de su personal, sistemáticamente
sin importar cuán buenas personas sean todos. Desde luego
que cada departamento selecciona a su criterio quienes fueron
los que menos han rendido en el año, para que figuren entre
los despedidos. Esto lleva a que todos compitan durante el año
y se esfuercen histéricamente por rendir más que
los demás, para no estar entre los que a fin de año
se van. Y, de cualquier modo, el 10 % se irá.
Otras empresas despiden a los vendedores que menos ventas efectuaron
en el mes, no importa que hayan sido buenos, si no fueron los
mejores igual los despiden. Eso lleva a una feroz competencia
en la búsqueda de mejorar el rendimiento, y de todos modos
algunos serán despedidos.
¡El que sale último, se cae al pozo!
Pero para que la amenaza funcione, tiene que existir un pozo adonde
arrojar a los perdedores. Ese pozo es la marginación social,
sin ella no hay chantaje posible.
Y seguramente que los aprendices de alcahuetes que aplican estas
técnicas en las empresas creerán que están
aplicando nuevas tecnologías en la organización
de los Recursos Humanos (nombre pomposo para denominar la sofisticación
de la nueva esclavitud), pero en realidad lo que están
aplicando son las viejas teorías de David Ricardo, quien
ya hace dos siglos afirmaba que el obrero debía ganar poco
para que deba trabajar muchas horas para subsistir, pero no tan
poco como para morirse y dejar de trabajar, y para ello una gran
masa de desocupados haciendo fila para reemplazarlo, era el mejor
estímulo para que se deje explotar.
Una persona desocupada, sin una vivienda digna, sin sistema de
salud ni educación, es un paria, es un marginal, pero además
es un "buen ejemplo" para mostrar adonde pueden llegar
los que aún no están allí si no se portan
bien.
El capitalismo competitivo, en el que unos buscan devorarse a
otros, necesariamente lleva a la concentración del poder
en pocas manos y necesariamente lleva a una sociedad en la que
cada vez menos personas están dentro del sistema, mientras
el resto queda marginado. Y a su vez, la existencia del pozo de
los marginados es el mejor estímulo para que los que aún
están dentro del sistema hagan buena letra para ser eficientes
y compitan y se saquen los ojos por un puesto, con tal de no caer
al pozo; por lo cual irremediablemente un porcentaje de todos
modos se caerá al pozo. A esto podemos llamarle un verdadero
círculo vicioso.
Con su fuerza centrífuga el sistema arroja gente a la marginalidad
y con su fuerza centrípeta hace que los que van quedando
dentro traten de aferrarse cada vez más fuertemente.
Si bien esa fuerza, esa presión en ambos sentidos la ejercen
quienes concentran el poder económico, necesitan indefectiblemente
de una buena parte de la población, la que aún esté
dentro del sistema, para que siga girando la rueda de su enriquecimiento
sobre las cabezas de los marginados. Es decir que lamentablemente
las mismas personas que entran en el juego son ejecutores (involuntarios
o no) de los que van quedando fuera.
Veamos otro ejemplo. Un joven con estudios universitarios, sin
hijos y con deseos de reunir dinero para viajar, tentado por las
propagandas de las agencias de viaje y la TV, sale a buscar trabajo.
Simultáneamente, un hombre de 40 años, con 5 hijos,
que no terminó la primaria, también sale a buscar
el mismo trabajo. Es más probable que la competencia la
gane el joven, aunque tenga menos necesidades que el padre de
una familia. Posiblemente nunca se conozcan, y a nadie se le ocurriría
pensar que la marginalidad del padre de familia que no puede darle
alimento a sus hijos es culpa de este joven. Tampoco se podría
culpar a quien selecciona el personal, a quien le dan pautas para
que seleccione por edad y nivel de estudio, tampoco a la empresa
que para poder competir en el mercado debe maximizar el rendimiento
al menor costo. Podríamos entonces culpar al mercado, pero
¿Quién es, donde está?¿No es nadie,
somos todos?.
¿Estaremos frente a la burocratización de la violación
de los derechos humanos, donde todos son ejecutores de una parte
del acto como en el cuento de Ágatha Christie?
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