Hace unos cuantos años, terroristas destruyeron dos Embajadas
estadounidenses. El Presidente Bill Clinton lanzó represalias
contra presuntas instalaciones de Osama bin Laden. En su discurso
televisivo, el Presidente dijo al pueblo estadounidense que éramos
blanco del terrorismo porque representábamos la democracia,
la libertad y los derechos humanos en el mundo.
En esa ocasión, escribí: "Diga la verdad al
pueblo, señor Presidente..., acerca del terrorismo, no
acerca de la pobre de Mónica. Si sus mentiras en torno
al terrorismo no son denunciadas, entonces la guerra terrorista
que ha desatado continuará probablemente hasta que nos
destruya".
"La amenaza del terrorismo nuclear nos está rondando.
El terrorismo químico se encuentra al alcance de la mano,
y el terrorismo biológico es un peligro futuro. Ninguna
de nuestras miles de armas nucleares puede protegernos de estas
amenazas. Estos ídolos de plutonio, titanio y acero son
impotentes. La adoración que hemos tenido por ellos a lo
largo de más de cinco décadas no nos ha traído
seguridad, sino sólo un peligro mayor. Ningún sistema
de 'Guerra de las Galaxias'... por más técnicamente
avanzado que sea, por más billones de dólares que
le hayan sido inyectados... nos puede proteger de tan sólo
una bomba terrorista. Ninguna arma de nuestro extenso arsenal
puede ampararnos de una arma nuclear colocada en un velero o una
avioneta Piper Cub o una maleta o un camión de mudanza
rentado. Ningún centavo de los 273 mil millones de dólares
que gastamos anualmente en lo que llamamos defensa puede en realidad
defendernos contra una bomba terrorista. Nada en nuestro enorme
establishment militar puede en realidad darnos una pizca de seguridad.
Eso es un hecho militar.
"Señor Presidente, no le dijo la verdad al pueblo
estadounidense acerca de la razón por la cual somos blanco
del terrorismo. Dijo que éramos blanco porque representamos
la democracia, la libertad y los derechos humanos en el mundo.
¡Mentiras! Somos blanco de los terroristas porque representamos
la dictadura, la esclavitud y la explotación humana en
el mundo. Somos blanco de los terroristas porque somos odiados.
Y somos odiados porque nuestro Gobierno ha hecho cosas odiosas.
"¿En cuántos países hemos derrocado
a líderes electos popularmente y los hemos sustituido por
dictadores militares títeres, quienes estaban dispuestos
a vender a su propio pueblo a las corporaciones multinacionales
estadounidenses? "Lo hicimos en Irán cuando depusimos
a Mossadegh porque quería nacionalizar la industria petrolera.
Lo sustituimos con el Sha y entrenamos, armamos y pagamos su odiada
guardia nacional Savak, que esclavizó y brutalizó
al pueblo iraní. Todo ello con el fin de proteger los intereses
financieros de nuestras compañías petroleras. ¿Acaso
es sorprendente que haya personas en Irán que nos odien?
"Lo hicimos en Chile cuando depusimos a Allende, electo de
forma democrática por el pueblo para introducir el socialismo.
Lo sustituimos por el General Pinochet, brutal dictador militar
de ala derecha. Chile aún no se ha recuperado.
"Lo hicimos en Vietnam cuando impedimos elecciones democráticas
en el sur que hubieran unido el país bajo la batuta de
Ho Chi Minh. Lo sustituimos por una serie de ineficientes títeres
estafadores que nos invitaron a entrar y asesinar a su pueblo,
y lo hicimos. (Volé en 101 misiones de combate en esa guerra
a la cual adecuadamente se opuso.) Lo hicimos en Iraq, donde matamos
a 250 mil civiles en un intento fallido por derrocar a Saddam
Hussein, y donde hemos matado a un millón de personas desde
entonces con nuestras sanciones. Cerca de la mitad de estas víctimas
inocentes han sido niños menores de cinco años de
edad. "Y, claro está, ¿cuántas veces
lo hemos hecho en Nicaragua y todas las demás repúblicas
tercermundistas de Latinoamérica? Una y otra vez hemos
expulsado a líderes populares que querían que las
riquezas de la tierra fueran compartidas por la gente que trabajaba
en ella. Los sustituimos por tiranos asesinos que vendieron y
controlaron a su propio pueblo con el fin de que la prosperidad
de la tierra pudiera ser explotada por las compañías
Domingo Sugar, United Fruit Company, Folgers y Chiquita Banana.
"En un país tras otro, nuestro Gobierno ha obstruido
la democracia, ahogado la libertad y pisoteado los derechos humanos.
Esa es la razón por la cual somos odiados alrededor del
mundo. Y es la razón por la cual somos blanco de los terroristas.
"Los canadienses gozan de una mejor democracia, mayor libertad
y de mejores derechos humanos que nosotros. Los noruegos y los
suecos también. ¿Acaso ha oído hablar de
bombardeos a embajadas canadienses? ¿O a embajadas noruegas?
¿O a embajadas suecas? No.
"No somos odiados porque pongamos en práctica la
democracia, la libertad y los derechos humanos. Somos odiados
porque nuestro Gobierno niega estas cosas a los habitantes de
los países del Tercer Mundo cuyos recursos son codiciados
por nuestras corporaciones multinacionales. Y ese odio que hemos
sembrado ha regresado para perseguirnos bajo la forma del terrorismo
y, en el futuro, del terrorismo nuclear.
"Una vez que se entiende la verdad acerca de la razón
por la que existe la amenaza, la solución se vuelve obvia.
Debemos cambiar nuestros métodos de Gobierno.
"En lugar de mandar a nuestros hijos e hijas alrededor del
mundo a matar árabes con el fin de que las compañías
petroleras puedan vender el crudo bajo su arena, debemos mandarlos
a reconstruir su infraestructura, suministrar agua limpia y alimentar
a los niños hambrientos.
"En lugar de seguir matando a miles de niños iraquíes
cada día con nuestras sanciones, debemos ayudarles a reconstruir
sus plantas eléctricas, sus instalaciones de tratamiento
de agua, sus hospitales, todas las cosas que destruimos en nuestra
guerra contra ellos y que nuestras sanciones les impidieron reconstruir.
"En lugar de buscar ser un mandamás, debemos convertirnos
en miembro responsable de la familia de naciones. En lugar de
colocar a cientos de miles de soldados alrededor del mundo para
proteger los intereses financieros de nuestras corporaciones multinacionales,
debemos traerlos de regreso a casa y ampliar el Cuerpo de Paz.
"En lugar de capacitar a terroristas y escuadrones de la
muerte en técnicas de tortura y asesinato, debemos cerrar
la Escuela de las Américas (cualquiera que sea el nombre
que se use). En lugar de apoyar a las dictaduras militares, debemos
apoyar a la verdadera democracia, el derecho del pueblo a escoger
sus propios líderes. En lugar de apoyar la insurrección,
la desestabilización, el asesinato y el terror alrededor
del mundo, debemos abolir la CIA y donar el dinero a organismos
de ayuda.
"En resumen, hacer el bien en lugar del mal. Convertirnos
en los buenos, nuevamente. La amenaza del terrorismo desaparecería.
Esa es la verdad, señor Presidente. Eso es lo que los estadounidenses
necesitan oír. Somos buenas personas. Sólo necesitamos
que nos digan la verdad y que nos den la visión. Lo puede
hacer, señor Presidente. Detenga las matanzas. Deje de
justificarse. Detenga las represalias. Dé un lugar preponderante
a la gente. Dígale la verdad."
Sobra decir que no lo hizo... y tampoco lo ha hecho George W.
Bush. Pues bien, las semillas que nuestras políticas han
sembrado han producido su amargo fruto. El World Trade Center
ha desaparecido. El Pentágono está dañado.
Y miles de estadounidenses han muerto. Casi todos los expertos
de la televisión están pidiendo a gritos una represalia
militar masiva contra quienquiera que pueda haber hecho esto (presuntamente,
el mismo Osama bin Laden) y contra quienquiera que proteja o ayude
a los terroristas (principalmente el Gobierno talibán de
Afganistán).
Steve Dunleavy, del diario New York Post, vocifera: "¡Maten
a los desgraciados! Entrenen a asesinos, contraten a mercenarios,
ofrezcan un par de millones de dólares a los cazarrecompensas
para que los atrapen muertos o vivos, preferentemente muertos.
En cuanto a las ciudades o los países anfitriones de estos
gusanos, bombardeen hasta sus canchas de basquetbol." Es
tentador estar de acuerdo, pero la represalia no ha resuelto el
problema en el pasado, y no lo hará esta vez.
Qué se quiere: ¿seguridad o venganza?
El mejor aparato antiterrorista del mundo es, con creces, el
de Israel. Medido en términos militares, ha sido fenomenalmente
exitoso. No obstante, Israel sigue siendo el blanco principal
de los terroristas y sufre más ataques que todas las demás
naciones combinadas. Si la represalia fuera eficiente, los israelíes
serían el pueblo más seguro del mundo.
Sólo una cosa ha puesto término a una campaña
terrorista: el negarle a la organización terrorista el
apoyo de la comunidad más amplia a la cual representa.
Y la única forma de lograrlo es escuchando y mitigando
los resentimientos legítimos de la gente. Si acaso Osama
bin Laden estuvo detrás de los cuatro secuestros de aviones
y de la subsecuente matanza, eso implica prestar atención
a las preocupaciones de los árabes y de los musulmanes
en general, y de los palestinos en particular. No significa abandonar
a Israel. Pero podría muy bien significar el cese de todo
apoyo financiero y militar hasta que abandone los asentamientos
de los territorios ocupados y cumpla con su obligación
de regresar a las fronteras de 1967. También puede significar
permitir que los países árabes tengan líderes
que ellos mismos escojan, no dictadores designados e instalados
por la CIA dispuestos a cooperar con las compañías
petroleras occidentales.
Chester Gillings lo ha dicho muy bien: "¿Cómo
contraatacamos a Bin Laden? La primera cosa que tenemos que determinar
es qué cosa esperamos lograr, ¿seguridad o venganza?
Ambas son mutuamente excluyentes; busquemos venganza y REDUCIREMOS
nuestra seguridad. Si lo que buscamos es seguridad, entonces tenemos
que empezar a contestar las preguntas difíciles: ¿Cuáles
son los agravios de los palestinos y del mundo árabe respecto
a Estados Unidos y cuál es nuestra verdadera culpabilidad
en esos agravios? Donde encontremos legítima culpabilidad,
debemos estar preparados para remediar el agravio donde sea posible.
Donde no podamos encontrar culpabilidad o un remedio, debemos
honestamente comunicar nuestras posiciones directamente a los
árabes. En resumen, nuestro mejor curso de acción
es abandonar nuestra posición de combatiente en las disputas
de la región." El asesinar a Bin Laden ahora lo convertiría
en mártir para siempre. Miles de personas aparecerían
para tomar su lugar. En un año, enfrentaríamos otra
ola de terrorismo, probablemente mucho peor aún que ésta.
Dar esperanzas
La inmensa mayoría de los árabes y los musulmanes
son personas buenas y pacíficas. Pero una buena cantidad
de ellos, a causa de su desesperación, su enojo y su miedo,
se ha vuelto primero hacia Arafat y ahora hacia Bin Laden para
aliviar su miseria. Elimine la desesperación, déles
alguna esperanza, y el apoyo al terrorismo se desvanecerá.
En ese punto, Bin Laden estará obligado a abandonar el
terrorismo (como lo ha hecho Arafat) o ser tratado como un criminal
común y corriente. De todas formas, él y su dinero
dejan de constituir una amenaza. PODEMOS tener seguridad... o
podemos tener venganza. No podemos tener ambas.