La guerra del fin de la historia...
del Capital
Marzo de 2003
El economista holandés radicado en Costa Rica, Wim Dierckxsens,
considera que la agresión a Irak es en realidad una guerra
contra Europa. Ya el keynesianismo no resuelve la crisis porque
va contra la lógica del Capital, la guerra se ha convertido
en necesidad urgente de las grandes transnacionales aliadas al
estado norteamericano y si Bush da marcha atrás, podrían
hasta matarlo, afirma.
Se le puede encontrar, infaltable, entre los académicos
que animan los debates anuales del Encuentro Internacional de
economistas sobre Globalización y problemas del desarrollo
en La Habana. Wim Dierckxsens* viene a esa rara cita de todas
las tendencias de pensamiento económico, después
de participar en el Foro Social Mundial de Porto Alegre y en ambos
eventos siempre se le encuentra integrando los paneles que abordan
las urgencias de nuestra época. A propósito de la
guerra que se nos viene encima como una maldición inevitable,
aproveché su estancia más reciente en Cuba para
tratar de entender las razones de la sinrazón belicista.
- ¿Hasta qué punto es cierto que Estados Unidos
va a la guerra por necesidad de su economía?
- No es verdad. La guerra responde a la recesión y la
recesión no solo afecta a Estados Unidos, también
a Europa, a Japón... podríamos decir que es una
recesión mundial. Y es producto de la re-repartición
del mercado mundial.
En los años 80 y sobre todo en los 90, las transnacionales,
pasaron de tener un 25 por ciento del Producto Mundial Bruto,
a un 50 por ciento en el reparto del mercado mundial. Esto se
pudo hacer mediante un consenso trilateral Estados Unidos, Europa
y Japón, consenso que de repente llegó a sus límites
a finales de los 90, porque acaparar más del 50 por ciento
significa comerse los unos a los otros entre los bloques.
Por ello los acuerdos multilaterales terminaron, primero en
el 98 en París, durante la reunión de la OCDE en
torno al AMI y al año siguiente en Washington en torno
a la OMC. No había más acuerdo entre las grandes
potencias. En el ínterin, el crecimiento económico
llegó a cero, lo que significa que el pastel no crece.
Para acumular, el Gran Capital debe partir del crecimiento económico
en su totalidad o nutrirse de una nueva repartición del
mercado. Las dos vías, más o menos a finales de
los 90, llegaron a un punto cero. Así comienza a crearse
el entorno del conflicto. Mientras se está expandiendo
el acaparamiento del mercado mundial por las transnacionales,
las acciones se disparan en la Bolsa de Valores. Cuando no hay
crecimiento ni posibilidad de acaparar otro trozo del mercado
mundial existente, las ganancias de las transnacionales comienzan
a
flaquear y con ello las apuestas en la Bolsa.
Viene la picada bursátil a nivel mundial. Este es el entorno
de la guerra: no hay lugar ni siquiera para todas las transnacionales.
Hay que redefinir la repartición del mundo por la fuerza.
Esa es la situación en la que estamos a nivel mundial.
- ¿Y por qué tantos están dispuestos a
creer que la guerra mejoraría esa situación, al
menos en Estados Unidos?
- Hay la teoría de la ingeniería de guerra, que
viene de los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Cuando un país
se pone de repente a acelerar el armamentismo, aumenta la producción
de productos bélicos y aumenta el empleo, hasta trabajan
de día y de noche. Hay más ingresos y durante un
tiempo puede haber un boom. Sin embargo, se crean productos que
después no encadenan con la economía civil, lo que
resta fuerzas al crecimiento económico que se hace más
recesivo. Eso obliga a ir a la guerra para transferir el costo
de la inversión militar a terceras naciones. Por eso Estados
Unidos procura en Irak pasar la factura a los aliados. En Naciones
Unidas no se busca tanto un aval político, sino pasar el
sombrero. La guerra psicológica sirve para un alza del
precio de petróleo. Los ingresos extraordinarios se transfieren
a EE. UU. como en la Guerra del Golfo. Así el mundo entero
contribuye a pagar la guerra.
Después EE.UU. puede poner el zapato sobre la manguera
de petróleo que
va hacia Europa y Japón, de tal manera que les cueste más
a aquellos y menos a Estados Unidos. Con el control sobre la zona
de petróleo su economía sufrirá menos y la
de sus adversarios sufrirá más.
¿Cuál es la ventaja en el corto plazo? Que puede
transferir la recesión hacia terceros países y salir
temporalmente del problema. Pero en el mejor de los casos, Estados
Unidos será apenas el último perdedor, como se reveló
ya en la II Guerra Mundial, porque la guerra no se gana con una
victoria militar, sino cuando se triunfa económicamente.
Este es el objetivo final, que no va a lograr. En las circunstancias
actuales, si EE.UU. logra provocar una nueva repartición
del pastel (mercado mundial) y transfiere la recesión (cuando
los otros pierden trozos del pastel), al final, en lugar de hacer
crecer el pastel, estará provocando que se
reduzca aún más. Y será el último
perdedor en el mejor de los escenarios para una economía
de guerra.
-Por tanto, hacer hoy una guerra es una estupidez, incluso económica...
-No tienen salida a largo plazo. Esta vez Estados Unidos no
está, como erróneamente algunos pueden creer, en
la situación de los años 40.
Entonces, otros países estaban en conflicto y EE.UU. fueron,
durante años, los proveedores principales de productos
civiles y bélicos que los países en conflicto pagaban.
Salieron económicamente como los únicos favorecidos
de la guerra. En esta guerra se perfila que EE. UU. tendrá
que asumir el costo. Sus maniobras con la ONU y la OTAN para no
quedarse solo con el gasto parecen fracasar. El movimiento social
por la paz y otro mundo posible sale fortalecido. Las manifestaciones
de más de 30 millones de ciudadanos del mundo por la paz
son su claro testimonio.
-Pero si es tan evidente que a largo plazo tampoco ellos van
a ganar, ¿por qué insistir en la guerra?
-La guerra puede ser salida a cortísimo plazo y EE.UU.
no miran más allá de ello. A mediano plazo, la guerra
no resuelve nada y la recesión más bien se acentúa.
Muchas transnacionales entrarían en una crisis que jamás
hemos visto en el mundo. La quiebra de las empresas transnacionales
se dará en gran escala.
Si el capitalismo logra sobrevivir a ese colapso -algo que yo
pongo en duda-, el comercio internacional sufriría un colapso
también. Estamos ante una situación similar a la
coyuntura que se dio en 1917. Habrá países que se
aparten del proceso de globalización cuando se fracciona
el mercado mundial. El sálvese quien pueda a nivel nacional
acentuará la caída de transnacionales. En términos
de magnitud, los grandes perdedores serían las transnacionales,
porque abarcan más del 50 por ciento del mercado y dependen
en alto grado del comercio internacional.
¿Cuál es entonces el escenario futuro? La guerra,
porque el capital no razona a largo plazo. La planificación
la mandaron al congelador hace décadas. La carrera es por
la ganancia a corto plazo. Y con la economía de guerra,
la miopía se ha vuelto peor aun. No se ve más allá
del momento. Se vuelve tan irracional la política que parece
que la hace un loco. La locura se torna racional dentro de la
lógica del capital transnacional en aprietos: el capitalismo
de la "nación elegida" salvándose por
la vía de la guerra. La verdad es que el capitalismo llegó
a un callejón sin salida. Eso explica la miopía:
no hay salida.
Si ellos actuaran con sensatez tratarían de salvar el
capitalismo sin guerra, volviendo a la pastelería, hacer
crecer el pastel con inversión productiva. Volver a acumular
a partir del crecimiento en cada nación.
Ya no es posible volver a la pastelería.
Entonces la conclusión parece ser que 'hay que volver
a hacer pastel', como hizo el keynesianismo después de
la Guerra. Sin embargo, ya no es posible volver a la pastelería,
al menos no con un alza en la tasa de beneficios.
¿Por qué ya no es posible volver a producir con
ganancias? Para eso hay que entender ¿por qué con
el neoliberalismo huyó la inversión del ámbito
productivo? La inversión huyó porque la tasa de
ganancia tendió a descender.
Eso es lo que ha hecho a través de la historia, solo
que ahora llegamos a un punto sin salida, ¿por qué?
Porque a través del mercado de la tecnología, se
acortó la vida media de los productos, a tal punto que
hoy adquirimos una computadora de última generación
con la certeza de que adquirimos una cosa ya obsoleta antes de
pagarla. Aumenta la depreciación que se debe aplicar para
obtener la nueva máquina en un plazo imposible. El costo
de innovación se dispara geométricamente. El ahorro
en el costo de trabajo no puede ir a la misma velocidad. El resultado
es una tasa de ganancia en picada.
Después de la IIGM y hasta finales de la década
del 60 del pasado siglo, el ahorro en el trabajo superaba el costo
de innovación, elevando la tasa de beneficios. Conforme
se achicaba el tiempo útil de la máquina, se disparaba
su costo y se hizo imposible que el costo laboral disminuyera
al mismo ritmo. Bajó la tasa de ganancia desde fines de
los años sesenta. En esa coyuntura nació el neoliberalismo.
-Y se empezó a buscar la ganancia por la vía especulativa...
-Exacto, aunque hay diversas formas de comer pastel. Además
de la especulación, está la privatización
de empresas estatales a precios de remate. Después de que
se asfixia a un país con la deuda externa, le compran el
patrimonio a precios de remate. Al aumentar las tarifas sin inversiones
nuevas, las transnacionales sacan ganancias súper-extraordinarias.
Otra modalidad son las fusiones y adquisiciones para mejorar la
posición en el reparto del mercado mundial. La sustitución
de productos nacionales por productos transnacionales, al grito
de ¡Abran las fronteras! es otra modalidad muy común
en América Latina. Hace 20 años había que
buscar con lupas los productos extranjeros en los supermercados
latinoamericanos. Hoy hay que ir con candela para encontrar los
nacionales en el mismo supermercado. Entonces las transnacionales
fueron las grandes ganadoras de este proceso de globalización.
Todo el mundo apostó a estos únicos ganadores en
las bolsas de valores. En los países endeudados la especulación
se da contra sus propias monedas. Ambas modalidades acentúan
la repartición del pastel mundial y con ello fomentan la
recesión mundial y por ende la guerra. Volvamos a ver si
hay una salida a la crisis sin guerra.
Supongamos que se quiere volver a hacer pastel. Eso obligaría
a aumentar la vida media de la tecnología ya que acortarla
reduce la tasa de beneficio aún más. Si se duplicara
la vida media de la tecnología, entonces se vende la mitad
de los productos, se realiza la mitad del valor y la mitad de
las ganancias. También la prolongación de la vida
media de la tecnología hace bajar a la tasa de ganancia.
O sea, el capitalismo llegó a un punto donde baja la tasa
de beneficio tanto al acortar la vida media de los productos como
al alargarla. Hay conciencia de este dilema. Hoy buscan patentarlo
todo, para aumentar la vida media de los productos aumentando
las ganancias corporativas.
Esa política, sin embargo, concentra mercados en manos
de transnacionales con patentes, a costa de mercados sin patentes.
Esta tendencia la vemos claramente con los medicamentos genéricos,
que están siendo eliminados a favor de productos de marca
de trasnacionales. Lo que significa esta salida es que una parte
cada vez menor come del pastel existente. Se crea pastel en cada
vez menos lugares para que unos pocos comen el pastel entero.
El resultado es acentuar el proceso recesivo. No hay, entonces,
una solución por vía de la concentración.
La salida está en la desconcentración, la descentralización.
Y así como hace un siglo declararon leyes antitrust, pronto
declararán leyes antipatentes, como ya han tenido que hacer
por el SIDA. A mediano plazo, el conocimiento tendrá que
declararse patrimonio de la Humanidad.
Pero producir productos duraderos y declarar el conocimiento
patrimonio de la humanidad asfixia la racionalidad del Capital,
porque promueve un crecimiento negativo, que para ellos no puede
ser. Sin embargo, la recesión mundial también implica
ese crecimiento negativo. ¿Puede haber crecimiento negativo
con mayor bienestar? Si hacen que los productos dupliquen su vida
media, que la nevera no dure cuatro años sino diez, como
fue antes del keynesianismo... el bienestar no disminuye en términos
genuinos. Aunque se trabaje y gane la mitad, porque se vende solo
la mitad de los productos de antes, tienes lo mismo de antes y
de mejor calidad. El único actor fuera de juego es el capital.
En tal entorno ya no encuentra lugar. Ante esta alternativa viable,
se siente en un callejón sin salida
y por eso se aferra a la guerra.
Los verdaderos contrincantes
Pero las transnacionales no pueden hacer la guerra sin un estado,
porque no tienen tropas propias. Tienen que vincularse con una
unidad política que es el Estado. Entonces, las transnacionales
que están conglomeradas alrededor de Estados Unidos, se
aferran a la "nación elegida" para hacer la guerra
santa. Blair se convierte en una especie de Mussolini a pesar
de la oposición en su tierra, porque Gran Bretaña
tiene más inversión que nadie en Estados Unidos
y viceversa. En términos económicos están
aferrados.
- ¿Y como se explicaría la posición de
Aznar?
-En el sálvese quien pueda España puede apoyar
a EE.UU. para salvarse con sus inversiones en América Latina.
A partir del no financiamiento del BM y el FMI a Argentina, el
capital español resultó muy afectado. Este sálvese
quien pueda podría desintegrar a la Unión Europea.
-Antes de empezar la guerra, ya se está afectando la
unidad de la Unión Europea.
-Está claro que el juego de Estados Unidos es dividir
a Europa y hasta podría conseguirlo. Pero no es la habilidad
política de uno y otro lo que determina la desunión
de Europa, creo que estamos ante un mundo que está siendo
definido cada vez más por un 'sálvese quien pueda'.
No hay lugar para todos y cada cual busca salvarse a como dé
lugar.
Descubrirán que con esta actitud nadie se salvará.
Este 'sálvese quien pueda' es una filosofía que
hoy atraviesa el mundo, acentuando los nacionalismos rumbo al
neofascismo. Un neofascismo que no solo brota en Estados Unidos,
autoproclamada la "nación elegida" para hacer
cualquier barbaridad en cualquier parte después del 11
de septiembre del 2001.
En América Latina también se da este sálvese
quien pueda. En el caso de Venezuela, por ejemplo, la oposición
a Chávez reivindica la meritocracia. La oposición
se autodefine como los que tienen méritos para estar en
el país. Consideran que la chusma de abajo no cabe. Eso
es una concepción fascista que penetra de una manera u
otra en todos los países, pero se torna una amenaza para
la humanidad cuando los intereses de las transnacionales de una
potencia fomentan el nacionalismo para imponer por la guerra el
nuevo reparto del mundo.
Este "sálvese quien pueda", en lugar de alejarnos
de una guerra, nos lleva más fácilmente a la confrontación.
Por el momento el conflicto se desarrolla en cancha ajena, pero
los verdaderos contrincantes no son EE. UU. e Irak, sino EE. UU.
y Europa. Cuando se inició la guerra contra el terrorismo
en Afganistán se vislumbraba una batalla de civilizaciones.
En esencia, Occidente había descartado a Oriente en el
reparto del mercado mundial. Si no hay lugar para todos, que se
salve Occidente y al carajo China, Japón, los Tigres y
todo el Oriente. La recesión mundial aceleró el
traslado del escenario de la guerra a Irak. En el fondo se releva
aquí una confrontación económica entre Estados
Unidos y Europa. Francia y Alemania lo entendieron bien, aunque
nunca lo hayan manifestado en público.
-Supongamos que alguien en el que Bush cree ciegamente le dice
que esta guerra no conduce a ninguna salida y que es mejor que
la pare. ¿Todavía puede dar marcha atrás?
-No, no creo. Le puede pasar, incluso, lo que le pasó
a Kennedy. Si da marcha atrás, será hombre muerto.
-Entonces esta guerra no es exactamente una irracionalidad de
Bush...
-No, Bush es apenas el vocero de los intereses que están
detrás de la guerra. Será útil mientras cumpla
esa misión. No descarto que de repente, él pueda
dar marcha atrás ante la presión mundial. En ese
sentido hay escenarios más optimistas. Hasta 1997 estuvimos
todos tratando de encontrar la luz al final de este túnel
tan oscuro, sin esperanzas. Hoy estamos ante un mundo despabilado,
ya sentimos las
alitas, por decirlo de alguna manera.
Y es precisamente sobre las contradicciones de las transnacionales
en cuanto al reparto del mundo, que nació y se desarrolló
ese movimiento social. Sin aval del Consejo de Seguridad para
la guerra no hay razón que los inspectores se vayan. Miles
de norteamericanos, ingleses, españoles que luchan contra
la guerra se sentirían con una alta moral para ir a Bagdad
como escudo humano. Entonces veo difícil que hagan la guerra.
Es decir, el movimiento social puede frenar más la barbarie
que el propio Bush. Es más, si Bush pudiera hacer algo
inteligente, sería pedirle al movimiento social "vayan
ustedes a Bagdad, para salvarme".
-Entonces, la única explicación para la guerra
que está por empezar es que ya llegamos al fin de la historia...
capitalista.
-Exactamente. Y ese es precisamente el contenido de mi nuevo
libro que se llama El ocaso del capitalismo, reencuentro con la
utopía.
Nota
Wim Dierckxsens, holandés de nacimiento, radica en Costa
Rica desde 1971.
Estuvo cuatro años en Honduras y medio año en Nicaragua.
Tiene un doctorado de la universidad de Nimega, Holanda y un postgrado
de la Sorbonne, París.
Demógrafo de profesión, trabajó en Naciones
Unidas, el gobierno de Holanda y la Universidad de Tilburg, Holanda.
Fue director de la Maestría en Economía de la Universidad
Autónoma de Honduras y fundador de la maestría en
Política Económica de la Universidad Nacional de
Costa Rica. Actualmente es investigador del Departamento Ecuménico
de Investigaciones (DEI) y del Foro Mundial de Alternativas. Ha
editado libros sobre la globalización y alternativas, entre
ellos "De la globalización a la Perestroika en Occidente";
"Los límites de un capitalismo sin ciudadanía";
"Del neoliberalismo al poscapitalismo" y "La Utopía
Reencontrada". Los primeros dos han sido editados también
en inglés y el último está traducido al francés.
Marzo de 2003